RELACIONES DE PAREJAS Y CONFLICTOS

‘Puedo predecir si una pareja se divorciará después de observarla y escucharla durante 5 minutos con una predicción del 91%’  (Jhon Gottman)

A esta conclusión llega este profesor y director del Instituto Gottman, después de una larga investigación de 16 años de duración, que denominó el ‘laboratorio del amor’, donde se han estudiado 50 parejas. Se observaba y registraban sus expresiones, movimientos, y mediante sensores, hasta el latido de su corazón.

Hasta ahora, es el único estudio científico sobre las relaciones de pareja basado en las reacciones fisiológicas entre otras variables. Hasta entonces todo lo que se decía sobre las parejas, causas de divorcio, problemas comunes y formas típicas de resolución de conflictos,  venían de la experiencia en consulta y de opiniones.

Según Gottman, el problema no radica en las diferencias o conflictos mismos, pues son comunes e inevitables en la inmensa mayoría de relaciones, sino que aquellas que acaban separándose suelen quedar entrampadas dentro de intensas emociones negativas y caen en una espiral autodestructiva que puede acabar en el divorcio.

Indicamos brevemente los predictores del divorcio según este autor:

  • Planteamiento violento: el mejor indicativo de que una discusión no va por buen camino, es el modo en que se plantea. Si comenzamos de este modo, es mejor parar y volver a empezar.
  • Los cuatro jinetes del apocalipsis: las críticas, el desprecio, la defensividad (actitud defensiva) y la indiferencia
  • Sentirse abrumado: cuanto más abrumado te sientas, más alerta estarás ante las señales que te indiquen de que tu pareja está a punto de estallar de nuevo.
  • El lenguaje del cuerpo: si notamos cambios fisiológicos en nuestro cuerpo durante una acalorada discusión, será mejor parar y comenzar a relajarse.
  • Intentos de desagravio fracasados: son los esfuerzos que realizamos para mitigar la tensión durante la discusión.
  •  Malos recuerdos: cuando una relación queda inmersa en la negatividad, corre peligro tanto el presente como el futuro, aunque en ocasiones hasta el pasado corre un riesgo.

Si quieres más información, a partir de Septiembre organizaremos charlas y talleres relacionados con este tema. Puedes informarte en:

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Pregunta Milagro

‘Si no sabes dónde vas, ningún camino te llevará allí’ (Lewis Carrol en ‘Alicia en el País de las Maravillas’)

La Pregunta Milagro (De Shazer, 1988), es la técnica de proyección al futuro más utilizada en terapia breve. Sirve para que los consultantes se sitúen imaginariamente en su ‘futuro preferido’ y permite crear una historia en la que los problemas que le traen a consulta están resueltos.

Se introduce la pregunta:

“Supongan que esta noche, mientras están durmiendo, sucede una especie de milagro y los problemas que les han traído aquí se terminan de resolver del todo, no como en la vida real, poco a poco y con el esfuerzo de todos, sino de repente, de forma milagrosa. Como están durmiendo no se dan cuenta de que este milagro se produce. ¿Qué cosas van a notar diferentes mañana que les hagan darse cuenta de que esta especie de Milagro se ha producido?”

A la respuesta del paciente, que casi siempre se demora unos segundos, le sigue una secuencia de preguntas que pueden ocupar gran parte de la entrevista. Debemos tener paciencia y creer en la capacidad de los clientes de contestar a la pregunta además de situar a la persona añadiendo detalles en su historia.

La finalidad es construir objetivos concretos, alcanzables, expresados en positivo e interaccionales. También pueden ser descritos como ’empezar algo’ o ‘presenciar algo’.

Algunos ejemplos que no servirían: “estar feliz”, “no estar siempre llorando”, “ganar la lotería”, “que mis padres me dejen en paz”.
Algunos ejemplos que sí servirían: “estar más activo en el trabajo”, “desayunar juntos”, “salir con mis amigos los fines de semana”, “volver a comer tres veces al día”, “empezar a estudiar al menos una hora dos veces por semana”.

Conseguir objetivos bien formados nos ayudará a saber por dónde empezar y hacia dónde debemos ir.

 

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No hace falta decir adiós

Conocemos el proceso de duelo como el proceso de adaptación emocional que sigue a la pérdida de un ser querido, de una relación, un trabajo, etc. Esta respuesta emocional es acompañada de síntomas físicos, cognitivos y conductuales, que si se alargan en el tiempo puede producir lo que se conoce por duelo no resuelto o duelo patológico.

Muchos sabemos que el tratamiento de un duelo no resuelto consistiría en la aceptación de la situación en la que una persona vive sin ese ser que ya se fue. Pero hay ocasiones en las que se hace demasiado difícil decir adiós. Persistir en el trabajo del duelo orientado por un modelo normativo complicaría la situación aún más.

Guiado por la metáfora de ‘decir hola’, Michel White elabora y formula preguntas con la esperanza de ofrecer a estas personas la posibilidad de recuperar su relación con el ser amado y perdido. Se sorprendió del efecto que tuvieron estas preguntas para eliminar la sensación de depresión y vacío. Para ejemplificarlo, cito un ejemplo de su libro Introducción a la Terapia Narrativa.

John tenía 39 años cuando acudió a consultarme por “dificultades con su autoestima” (…) Tomando en cuenta la larga historia de rechazo de sí mismo que John experimentaba, le pedí más detalles sobre su vida. Me contó que había gozado de una infancia feliz hasta que sobrevino la muerte de su madre, cuando él tenía la tierna edad de siete años, justo antes de cumplir los ocho. Me dijo que durante un tiempo considerable, no podía creer que fuera verdad que su madre hubiera muerto, siempre esperaba verla aparecer de nuevo en cualquier momento. Luego sintió que tenía el corazón enteramente destrozado. Posteriormente el padre volvió a casarse con una buena persona “pero realmente las cosas nunca fueron de nuevo como antes”.

Le pregunté a John: “Si las cosas hubieran continuado siendo las mismas, si tu madre no hubiera muerto, ¿qué opinión tendrías ahora de ti mismo?”
Al llegar a este punto John comenzó a derramar lágrimas… “¿Pensaba que la madre le había faltado en su vida durante demasiado tiempo?” “¿Era realmente positivo que ella permaneciera ausente de la vida de su hijo?”
John pareció sorprendido y yo le pregunté si no le molestaría que le hiciera más preguntas. “No, está muy bien, sigue preguntando” me dijo. Entonces le hice las siguientes preguntas:

– ¿Qué veía tu madre en ti cuando te miraba con sus ojos llenos de amor?
– ¿Cómo sabía ella estas cosas de ti?
– ¿Qué rasgos, que cualidades tienes que pudieran decirle a ella algo sobre esto?
– ¿Qué puedes ver ahora en ti mismo que durante tantos años estuvo perdido para ti ?
– ¿Qué modificación sufrirían tus relaciones con los demás si llevaras contigo, en tu vida diaria, este conocimiento?
– ¿Esto haría que fuera más fácil para ti ser la persona que tú quieres ser, en vez de ser una persona para los demás?
– ¿Qué harías para comunicar a los otros esta nueva imagen de ti mismo como persona?
– ¿Hasta que punto el hecho de comunicar a otros esta nueva imagen de tu persona, te permitiría fortalecerte más?
– ¿De que manera esa experiencia de fortalecerte podría incidir en la relación que mantienes contigo mismo?

Vi a John en tres ocasiones más con intervalos de dos semanas y luego ocho meses después, lo vi para verificar cómo había evolucionado. Durante este tiempo. John había tomado varias medidas para mantener viva la “imagen” que su madre tenía de él y logró mantener una nueva relación consigo mismo, una relación en la que se aceptaba como persona en lugar de rechazarse. Y ya no se sentía vulnerable a esos hechos que solían empujarlo a concebir dudas sobre si mismo.

 

 

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