¿Te enfadas con facilidad?

Como todas las emociones, el enfado tiene una lógica y una finalidad. Por lo general nos enfadamos cuando vemos injusticias, cuando creemos que nos han tratado mal, o encontramos obstáculos que nos impiden alcanzar nuestro objetivo.

Si somos capaces de aprender a utilizar el enfado de forma constructiva, esta emoción nos podría inspirar para realizar cambios positivos que nos beneficien: intentarlo con más ahínco, luchar por lo que es justo y comunicarnos de manera más apasionada.

Para que el enfado sea útil, debemos estar dispuestos a expresarlo y a responder a él de forma abierta. Esto puede resultad un desafío, especialmente si uno experimenta el enfado como algo espantoso, destructivo y descontrolado. El enfado puede parecer una sucesión de pensamientos y sentimientos que se agranda en fuerza e intensidad.

Si usted suele perder el control de su enfado o teme que podría perderlo podría serle útil una terapia que le ayude a enfocar el problema desde otro ángulo.

Tened en cuenta que el mero hecho de dar rienda suelta al enfado no hace más que incrementar el enfado. Lo que necesitamos es alguien que nos escuche y nos diga ‘Quiero comprender por lo que estás pasando’ y por otro lado, aunque resulte complicado, ser cuidadoso y expresar el enfado de forma respetuosa y recibir esa ayuda con cariño.

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El trabajo de los psicólogos en violencia filio-parental

Lejos de las televisivas escenas de programas como Hermano Mayor, está el trabajo de los psicólogos encargados de prevenir y tratar la violencia filio-parental. Algunos psicólogos explicamos e instruimos a los padres en otro modo de tratar con sus hijos, basado en el movimiento de no-violencia que inició Gandhi para luchar por la liberación de la India.

Este movimiento tiene doble significado, por un lado la renuncia a usar la fuerza y por otro la disposición a asumir sacrificios, algo que los padres deberán tener en cuenta.

Se les plantea a los padres hacer la guerra al contexto violento en el que están inmersos en sus hogares. Se les plantea que se reúnan ambos con su hijo/a e informen a su hijo/hija de lo siguiente:

‘La violencia ha hecho insufrible nuestra vida. Ya no podemos y no queremos vivir de esta forma. Vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para cambiar la situación, excepto atacarte física y verbalmente. Por ello hemos decidido que:

Estaremos presentes de forma consistente en tu vida.

Ya no llevaremos el problema en silencio, sino que diremos lo que está sucediendo a familiares y amigos y les pediremos ayuda.

Nos opondremos firmemente a tus gritos, insultos y empujones.

No prendemos someterte ni controlarte. Este mensaje no es una amenaza, sino la expresión de nuestro deber como padres y como personas’

Es un proceso en el que los padres y las personas más allegadas deben mantenerse resistentes a cualquier tipo de violencia. Este sería el comienzo de una guerra que acabará en un pacto de no-violencia por parte del hijo/a.

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